El concepto de inteligencia colectiva fue acuñado por el
filósofo Pierre Lévy en su libro “Inteligencia colectiva. Por una antropología
del ciberespacio” (1994). El también profesor en el Departamento de
Comunicación de la Universidad de Ottawa propone que, aunque es imposible que
todos seamos sabios de todo, sí podemos ser expertos en un pequeño área. De
esta manera, si juntamos todos esos microsaberes, crearemos una inteligencia colectiva.
Se trata, en palabras del autor, de “una inteligencia repartida en todas
partes, valorizada constantemente, coordinada y movilizada en tiempo real”. Una
especie de cerebro compartido es posible a partir de la suma de multitud de
inteligencias individuales.
Para ello, es necesario que esas personas puedan conversar e
interactuar, lo que resulta muy sencillo hoy en día gracias a la tecnología.
Internet favorece la coordinación entre los microsabios, es decir, el
intercambio de ideas y conocimientos, y más aún ahora que podemos disponer de
esta tecnología en distintos dispositivos a parte del ordenador.
El
conocimiento absoluto no es posible, al menos lo contrario no ha sido
demostrado científicamente. Es por esta razón que resulta casi vital la colaboración
de todos para “el reconocimiento y el enriquecimiento mutuo de las personas,
conclusión: Como docente el mayor propósito es desarrollar estrategias
educativas a partir de las
nuevas tecnología de información y comunicación, llevarlas a la práctica y
evaluarlas permite retroalimentar nuestra teoría y a su vez ésta permite
modificar y afinar nuestra práctica.
Luego
que el alumno puede llevarse a la práctica en los distintos campos de la vida,
simplemente es ampliar la mirada de las percepciones e interpretaciones del
mundo, lo que nos permite tener más recursos para transformar de una manera
positiva Todo un cambio
educativo….

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